Escena con música perfecta: John Debney – Mary Goes to Jesus (2004)

Jesús cae. Y cae como persona. En nuestra nueva «Escena con música perfecta» abordamos la música de John Debney cuando María acude en ayuda de su hijo

Acabo de terminar de leer “El Evangelio según Jesucristo”, aquella polémica novela de José Saramago. En su particular estilo, el escritor portugués aborda la historia de Cristo y la vuelve a relatar (o la vuelve a interpretar, si nos guiamos por su preámbulo de “La Golgota”) con una potente crítica al plan de Dios con su Hijo, y a la figura ausente de imperfecciones que nos han entregados los textos canónicos. Por eso no he podido dejar de pensar en la figura de Jesús y para ello, me he estado acompañando de la música de John Debney en “The Passion of the Christ” (que pueden revisar en este enlace), una cinta que como gran virtud, muestra a un Cristo en su calvario ajeno de toda dignidad. Lo muestra como una persona.

Por eso quiero recomendarles hoy “Mary Goes to Jesus”, quizás la pieza musical más escalofriante de la película, y donde la música de Debney se muestra en su esplendor. Mientras Jesús carga con la cruz por las calles de Jerusalén, y mientras todos parecen disfrutar con el grotesco espectáculo de la justicia romana, Juan lleva a María a un lado para que no vea a su desfigurado hijo. Porque entre todo este alboroto, hay gente que sufre. En silencio. Y entre todos los que sufren, nadie sufre como la madre. Una madre que ha estado ahí siempre, y que (a través de un recuerdo), entiende que debe volver a estar con su hijo ahora, aunque sufra, porque esta es una caída donde tiene que encontrar el apoyo que solo una madre puede dar, tal como sucedía cuando tropezaba de pequeño. Unas voces femeninas nos preparan para el encuentro y para la decisión de María, quien corre ante su hijo solo para decirle (con una música de Debney que nos habla de total realización): “Estoy aquí”. Palabras suficientes para que Jesús encuentre fuerzas donde o creía que las había.

Escena con música perfecta: Howard Shore – Rohirrim Charge (2003)

La llegada de los Rohirrim a la batalla de los campos de Pelennor es nuestra nueva escena con música perfecta

Uno de los libros más fundamentales para entender el mundo de J.R.R. Tolkien son las “Cartas”. Publicadas en 1981 por Humphrey Carpenter, recogen el intercambio epistolar de Tolkien con distintos amigos y fanáticos, desde su época de estudiante de Oxford hasta pocos días antes de su muerte, el año 1973.  Una de mis cartas favoritas es la que Tolkien escribe a Nancy Smith, el 25 de diciembre de 1963, respecto de un momento clave con el cual finaliza el capítulo “El Sitio de Gondor”, de El Retorno del Rey. Ubiquémonos cronológicamente. Las tropas de Sauron tiene copado el Pelennor, y asedian Minas Tirith. Gandalf intenta liderar a las Gondorianos, quienes ningún estímulo reciben de su líder, Denethor, ya entregado a la desesperanza tras la muerte de su último hijo y la llegada del Rey Brujo (a quien en el capítulo se refieren como el Capitán o el Jinete Negro). Con un Martillo, logran derrumbar la puerta de entrada, irrumpiendo en la Ciudadela. Y cuando todo parece perdido, se escucharon “grandes cuernos del Norte, soplados con una fuerza salvaje. Al fin Rohan había llegado”. Sobre este momento, Tolkien escribió a Smith lo siguiente:

“Pero ahora (cuando la obra ya no está caliente, y no es tan inmediata ni personal) ciertos rasgos de ella, y en especial ciertos pasajes, todavía me conmueven profundamente […], pero lo que más me impresiona es el sonido de los caballos de los Rohirrim al cantar el gallo”.

La verdad, al leer esa carta no pude evitar estremecerme. Es cierto. Se trata de un momento que conmueve profundamente y que es muy bien llevado por Tolkien, quien a esas alturas de El Retorno del Rey juega con distintas líneas de tiempo al momento de narrar. Pero es además una de las escenas más logradas en la adaptación de Peter Jackson. Y por eso la elegimos como una “Escena con música perfecta”. Ahí está la desesperación. Ahí está la locura de Denethor.  Ahí está la necesidad.

La “música” de la escena, evidentemente, empieza antes de la banda sonora de Shore. Siguiendo a Tolkien y su pensamiento, esto comienza precisamente con la irrupción de los cuernos de los Rohirrim y con ello, una breve presentación del tema de Rohan, bastante exhausto al igual que los Jinetes que vienen en ayuda. El discurso de Theodén (que en la cinta mezcla las palabras del Rey y luego de Eomer cuando debe asumir el nuevo liderazgo tras la muerte de su tío) da origen un tema épico construido sobre la base del tema de la Batalla del Abismo de Helm y el tema de la ayuda (con el cual, por ejemplo, Gandalf es rescatado de Orthanc), iniciando su marcha con el tema de Rohan quizás en su forma más pura. Un tema que no se detiene por las primeras flechas de los Orcos, sino que sigue con su ímpetu hasta la embestida. Por eso, no hablamos de la Cabalgata de los Rohirrim (Ride of the Rohirrim), sino de la embestida o “Charge” de ellos (motivo por el cual la pista no es “The Ride of the Rohirrim”, dedicada esta a la salida de las tropas de El Sagrario, sino “The Fields of Pelennor” -donde se recoge por completo menos con el tema puro de Rohan-).

Y si la música comienza con una interrupción, termina con otra. Cuando los Rohirrim embisten a los orcos de Saurón, entonces la música desaparece, en un efecto de sonido que desde entonces, se ha vuelto icónico y copiado innumerables veces en series y momentos bélicos. Dejar que la violencia, el ruido de las espadas, y en el fondo, la muerte, hable por sí misma. Todo esto hace que la llegada de los Rohirrim a Pelennor y su posterior ataque, sean una escena con música perfecta.

Escena con música perfecta: Dario Marianelli – Elegy for Dunkirk (2007)

El increíble plano secuencia de Joe Wright en la evacuación de Dunkirk y la música de Dario Marianelli

El 2017 Christopher Nolan dio que hablar con su representación de la evacuación de las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial en la conocida Operación Dinamo. Hablamos, por supuesto, de “Dunkirk”. Pero si quisiésemos obtener un facsímil más razonable de lo que probablemente pasó entonces tenemos que retroceder todavía más en el tiempo, específicamente a 2007, y observar la representación del mismo momento en la película de Joe Wright en “Atonement” (“Expiación, deseo y pecado”). Mismo escenario, mismo hecho histórico, pero un resultado visual totalmente distinto. El Dunkirk de Wright es menos menos ordenado, menos limpio……. Pero más humano. Una reconstrucción que se centró en lo oscuro y desesperanzador de aquellos días previos a junio de 1940, y que en esta nueva entrega de “Escena con música perfecta”, invitamos a revisar.

La cámara de Wright centra la atención en un comienzo en Robbie (James McAvoy) y sus compañeros, quienes logran llegar a Dunkerque para sólo enfrentar un escenario grotesco. Desorientados, recorren la playa repleta de soldados que parecen aislados (voluntaria o defensivamente) del oscuro panorama en el que viven (llegando algunos de ellos a la total inconsciencia. Como bien dice quien lo acompaña, “This is not right”. Soldados ejecutando animales, otros completamente locos y desesperados, y algunos amparados en lo poca fe que les queda cantando la clásica «Dear Lord and Father of Mankind» (precisamente, una canción que habla de la entrega total a Dios), resignación es la idea que cruza toda la escena. En pocas palabras, Wright muestra la humanidad tras la guerra (no el heroísmo de Nolan), las carencias, la desolación, para que así sea más dolorosa la escena final, donde Robbie y compañía asumen que no hay mucha esperanza de poder escapar de ello.

Cuesta no conmoverse con el peregrinaje de Robbie. Sin embargo, la clave está en descubrir que la angustia que transmite Wright en su meticuloso plano secuencia se debe principalmente a la música de Dario Marianelli, cuyo trabajo comentamos en extenso en este enlace. Esta banda sonora está tan llena de elegancia y dolor, que permite al público ser espectador a distancia de tan importante momento. Así, los soldados y la imagen transmiten el pánico, pero la música de Marianelli nos permite sobrevivir a dicho pánico y encontrar belleza en el caos. Por eso digo angustia, pues no es la desesperación propia de quien está viviendo el momento en ese instante, sino la angustia de quien, con perspectiva, cuestiona que la humanidad haya podido llegar a algo tan tremendo, y sentir el dolor de todos los que están en esa playa como propio. Esta escena es quizás, la más perfecta que hemos comentado en “Escena con música perfecta”. Una verdadera coreografía donde cada pieza calza a la perfección, en 5 minutos de cuidado y detalle, excelentemente actuada y con una fotografía que pasará a la historia gracias a Seamus McGarvey. La música está en el mismo nivel, y por eso, rescatamos hoy “Elegy for Dunkirk”.

Escena con música perfecta: Max Richter – Never Look Away (2018)

La película «Never Look Away» y la banda sonora de Max Richter nos entregan otra «Escena con música perfecta».

“Never Look Away” fue para muchos, la gran cinta del 2018. Luego de recibir una ovación de 13 minutos en el Festival de Cine de Venecia, los ojos del mundo se enfocaron en la película de Florian Henckel von Donnersmarck (famoso desde “The Lives of Others” en 2006) inspirada en la historia del pintor alemán Gerhard Richter, cuya tía fue asesinada por los nazis en el contexto de su programa de selección racial (tenía esquizofrenia) y luego terminara siendo yerno del director del Hospital donde las operaciones de esterilización previas se realizaban. Tras formarse como artista en la Alemania Soviética, Richter y su mujer cruzaron a Dusseldorf, donde Richter terminó entrando a la escuela de arte moderno y desarrollando una línea de trabajo muy realista (el estilo que buscaba abandonar por pensarlo impuesto por los soviéticos pero que tanto lo interpretaba) denominada “Trabajo sin Autor”, o “Werk Ohne Autor” en alemán, precisamente, el nombre de la película en su idioma original.

Coincidentemente, el compositor de la banda sonora de la música es otra persona de apellido Richter, Max, quien nosotros hemos comentado a propósito de sus trabajos con Ari Folman en “The Congress” (2013) y una de mis películas favoritas, “Waltz With Bashir” (2008). “Never Look Away” es una película llena de escenas emotivas que pudiesen haber sido seleccionadas para nuestra sección “Escena con música perfecta”, pero me quedo con la del tema que más me cautivó en el trabajo de Richter, quien a veces se muestra un poco reiterativo en sus estructuras. Hablo del tema de la guerra o la violencia, el cual aparece al menos 2 veces en la cinta, siempre representado en la figura del Profesor Seeband, como si Florian Henckel von Donnersmarck intentase decirnos que la violencia (o al menos, no todo la violencia) no siempre vino de las balas y las batallas, sino en muchos casos de un enemigo interno, que incluso podía tener la mejor de las reputaciones. La primera aparición (y es la escena que acompañamos hoy) es cuando Elisabeth descubre que será esterilizada, y le ruega al profesor que no siga con el procedimiento, dirigiéndose a él no como una autoridad (como le pidieron segundos antes), sino como “Padre”. Este es el primer síntoma de la vulnerabilidad del Profesor (quien decida por este no ser él quien opera), que luego se ratificará cuando Kurt lo termine quebrando al ver el rostro de Elisabeth y el propio en una de sus obras sin autor. Tanto Elisabeth como Kurt se enfrentan al mismo monstruo, pero uno, con mejores armas, logra derrotarlo.

Escena con música perfecta: Scott Walker – The Childhood of a Leader (2016)

A propósito de la muerte de Scott Walker, comentamos la escena final de «The Childhood of a Leader»

Probablemente la pregunta que plantea “The Childhood of a Leader” es esa que nunca te harías, pero que una vez te la presentan, te hace un sentido increíble. ¿Qué debe pasar en la infancia de un niño, para que este se vuelva luego un líder fascista? ¿Cómo y quién daño tanto a Hitler, por ejemplo, para que terminara convirtiéndose en quizás el personaje más oscuro de la historia de la humanidad? ¿Cuánto viene de origen, de existir algo, y cuánto es adquirido? Mezclando ficción con realidad, el debut direccional de Brady Corbet (basado en una historia de John Fowles) plantea que no son muchos los ingredientes para que todo haya salido de control previo a la Segunda Guerra Mundial, en nuestra cinta, un niño especialmente desorientado, una figura paterna violenta, traslados de país sin poder asentarse (falta de arraigo), y uno que otro ingrediente adicional.  La música de esta película estuvo a cargo de Scott Walker, el enigmático músico norteamericano que falleció hace apenas unos días. Se trata de un notable trabajo donde la tensión a través de distintos instrumentos de cuerda (dotando a la historia de cierta solemnidad) denota desde el gran “Opening” la violencia y tensión mental con la cual nos tendrán a prueba en pantalla. Por lo mismo, la elegimos dentro de nuestras mejores bandas sonoras de películas independientes el 2016.

La escena que traemos a colación es el cierre, o como me gusta llamarla, la escena del resultado: estamos ante el Líder. Luego de contarnos una extensa historia que tiene mucho de cotidiano (a pesar de inusitados niveles de violencia), la música a través de su tensión nos invita a conocer el monstruo en el cual Prescott, el Niño, se ha convertido.  Una multitud en un país sin nombre se reúne fuera de una monumental construcción mientras un oscuro carro atraviesa la explanada anunciando su llegada con trompetas oscuras. De repente, la cámara se sitúa dentro del auto y aparece nuestro líder (con un paso notable a los violines). Un líder que no se parece a quien pensábamos era su padre (¿habrá influido ello en su propia (de)construcción?), y que, absorto en su propio pensamiento y sin mostrar sorpresa, no busca resaltar ni dirige mirada a sus súbditos. Lo suyo es la admiración total, la costumbre y el control. Un pueblo extasiado, un discurso extremista y un líder inestable, son todos los ingredientes que necesitaba el fascismo para alcanzar los extremos a los que llegó. Una locura total que pueden escuchar desde el momento que la música parece perder toda intención y volverse un ruido sinsentido, simlar al de una alarma, cuando Prescott baja del auto y es aclamado (a pesar de su juventud). Es desde ese momento que la cámara de Corbet se vuelve incapaz de centrar su atención en algo y la música vuelve al tema principal (“Opening”) cuando se va todo a negro Ya es tarde. Tan poco (o tanto, dependiendo de la propia experiencia) tenía que pasarle a un niño para ser un Hitler, y nosotros fuimos testigos de ello.

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Escena con música perfecta: The Prince’s Tale (Harry Potter)

Comentamos la escena dedicada al descubrimiento de la verdad de Snape y el amor por Lily

Hace muchos años preparamos un especial con las bandas sonoras de la franquicia Harry Potter, mostrando la influencia y cambios de la música en la medida que la historia maduraba y pasaban también por ellas distintos directores y compositores. Si bien el tema principal preparado por John Williams (“Hedwig’s Theme”) en “La Piedra Filosofal” sirvió durante las 8 películas como punto conector y sello del mundo de Hogwarts, lo cierto es que cada una de las producciones tenía un sello musical propio, con total independencia, lo anterior hasta la llegada de “Las Reliquias de la Muerte”, parte 1 y parte 2.  Las 2 películas de cierre dirigidas por David Yates incorporaron al ya muy reconocido Alexandre Desplat en la música, quien advirtió que no acudir a Williams habría sido una falta de respeto por el cariño generado estos 10 años de historia, pero quien también supo renunciar a la vanidad en una de las escenas más importantes de la película y que comentamos hoy: The Prince’s Tale.

Ubiquémonos primero en la historia. Snape ha sido asesinado y Hogwarts está bajo acecho. Voldemort ofrece una tregua a cambio de Harry se entregue, que Harry aprovecha para llevar al Pensadero la lágrima que Snape le “entregó” antes de morir. Un capítulo que en el último libro de J.K. Rowling lleva el nombre de “The Prince’s Tale” (mismo nombre de la escena), nos muestra la “verdad” de Snape y es tomado de manera casi textual en la adaptación cinematográfica (aunque disminuyendo los aspectos malos de James Potter y los de Snape). Empieza entonces Desplat contándonos la historia de Lily y Snape. El tema que suena de fondo es “Severus and Lily”. Cómo se conocieron (siendo ella parte de una familia muggle), cómo entraron a Hogwarts, cómo se fueron distanciando por su cercanía al lado oscuro, la decisión que tomó Snape al saber la intención de Voldemort de matar a la familia Potter, la promesa de proteger a Harry (y su pacto de silencio) y la solicitud de Dumbledore de ser asesinado por Snape para que Voldemort confíe en él, momento en que se le debe contar a Harry que él debe morir para que también así muere Quien-No-Debe-Ser-Nombrado. Estos momentos son acompañados de una melodía muy al estilo de Desplat, que consiste por momentos en un vals triste por la lejanía que poco a poco empieza a observarse entre Lily y Snape (o Sev cómo lo llamaba ella), y la creciente influencia de James desde que entran en Hogwarts. Esta música es muy distinta al tema de Lily (“Lily’s Theme”), lo que demuestra que Desplat lo ve como una historia única, narrada por sus propios protagonistas.

Pero justo en el instante en que Snape pregunta si, cuando llegue el momento decisivo, Harry debe morir, es entonces cuando pasamos a otro tema musical. Uno totalmente distinto, y de hecho, preparado por otro compositor para otra película de la franquicia.  Hablamos de “Dumbledore’s Farewell”, de Nicholas Hooper, que forma parte de “El Príncipe Mestizo”. Este es quizás el mejor plot twist que se haya visto en películas fantásticas, donde hasta Dumbledore se sorprende del afecto que muestra Snape por Harry, quien incluso le recimina criarlo como un cerdo antes del matadero. Mientras vemos la escena en que Snape es el primero en llegar a la casa de los Potter y llorar con Lily en brazos, Severus entrega una justificación de su cariño por Potter mientras en el fondo, la canción que formaba parte de la mayor de las traiciones un par de cintas antes (el asesinato de Dumbledore por Snape), se reinterpreta y se vuelve uno de los temas de amor más conmovedores. Les dejamos acá las líneas del libro:

“But this is touching, Severus,” said Dumbledore seriously. “Have you grown to care for the boy, after all?”
“For him?” shouted Snape. “Expecto Patronum!
From the tip of his wand burst the silver doe: she landed on the office floor, bounded once across the office, and soared out of the window. Dumbledore watched her fly away, and as her silvery glow faded he turned back to Snape, and his eyes were full of tears.
“After all this time?”
“Always,” said Snape.

https://open.spotify.com/track/3c5GzRHZfUPIqdM3biPwm7?si=QP5whRYSQz2m9l1eqY4-pQ

Escena con música perfecta: Joseph Trapanese – Only The Brave (2017)

Inauguramos una nueva sección de BSO Magazine inspirada en «One Perfect Shot», comentando una escena específica de «Only the Brave» donde banda sonora y lo que vemos en pantalla se unen increíblemente.

Muchas películas tienen determinadas escenas memorables, donde la música es quizás el elemento más clave, pero que por distintos motivos nunca llegaríamos a comentar. En virtud de lo anterior, hemos decidido crear «Escena con música perfecta», una sección en que comentamos brevemente una escena (la que aportaremos), de una película específica, tratando de llevar a nuestros seguidores aquello que nos hace amar las bandas sonoras: esa capacidad única de conmover al telespectador tanto o más que lo que vemos en pantalla.

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